El WCF

El Congreso Mundial de las Familias (WCF, por sus siglas en inglés) es la coalición internacional más grande del mundo de líderes pro-familia.

El Congreso Mundial de las Familias:

  1. Celebra a la familia natural a través de reuniones periódicas;
  2. Comparte investigaciones científicas de importancia; y
  3. Alienta políticas públicas que protejan y preserven la familia natural como la unidad fundamental de la sociedad civil.

El WCF promueve a la familia natural como la unión entre un hombre y una mujer a través del matrimonio a efectos de compartir el amor y la alegría, procreando los niños, proveyéndoles de una educación moral, construyendo una economía nacional vital, ofreciendo seguridad en tiempos difíciles, y la unión de la generaciones. El WCF considera a la familia natural como parte del orden creado, impreso en la naturaleza humana, fuente de la alegría generosa, fuente de vida nueva y baluarte de la libertad ordenada.

En respuesta a un individualismo secular militante que existe en general en el mundo occidental post-moderno, el WCF promueve una red internacional de organizaciones pro-familia, académicos y líderes culturales y políticos que buscan restaurar la familia natural como unidad social fundamental, que se configura como el semillero de la buena ciudadanía. El Congreso afirma y construye un frente común entre personas preocupadas por la familia en el mundo. El Congreso también pretende cambiar los términos de ciertos debates públicos clave:

  1. De “la familia como un obstáculo para el desarrollo” a “la familia como fuente de renovación social y de progreso”.
  2. Desde la “sobrepoblación” a la “despoblación”, como el problema demográfico que enfrenta el primer siglo veinte.
  3. De “la familia pequeña que no tiene hijos voluntariamente” a “la celebración de la gran familia como un regalo social especial”.
  4. Y a partir de la ortodoxia religiosa como una “amenaza para el progreso” a una visión “religiosa”.

La fecha prevista para el VI Congreso Mundial de las Familias que tendrá lugar en Madrid es del 25 al 27 de mayo de 2012.

 

A continución exponemos las líneas vertebradoras de pensamiento del Congreso Mundial de las Familias.

Nuestro propósito

Nos reunimos en este Congreso Mundial, personas de diferentes naciones y etnias, de diversas culturas, sociedades y comunidades religiosas, para afirmar que la familia natural del ser humano fue establecida por el Creador y es esencial para el bien comñun de la sociedad. Nos dirigimos a todas las personas de buena voluntad que, como la mayoría de la población mundial, valora la familia natural. Las ideologías del estatismo, el individualismo y la revolución sexual, desafían la legitimidad misma de la familia como institución. Asociado a este reto se presentan problemas graves como el divorcio, la devaluación social de la crianza de los hijos, el descenso del tiempo dedicado a la familia, la educación pública moralmente relativista, las confusiones sobre la identidad sexual, la promiscuidad, las enfermedades de transmisión sexual, el aborto, la pobreza, la trata de personas, la violencia contra las mujeres, el abuso infantil, el abandono de los mayores, y la paupérrima fecundidad por debajo del nivel de reemplazo. Para defender la familia y para orientar la política pública y las normas culturales, la presente Declaración afirma los principios que respetan y definenden el papel vital que desempeña la familia en la sociedad.

Familia natural y sociedad

La familia natural es la unidad social fundamental, está inscrita en la naturaleza humana y consiste en la unión voluntaria de un hombre y una mujer en la alianza para toda la vida del matrimonio. La familia natural es definida por el matrimonio, la procreación y, en algunas culturas, la adopción. Familias libres, seguras y estables que acogen a los hijos son necesarias para una sociedad sana. La sociedad que por principio abandona a la familia natural, está destinada al caos y el sufrimiento. El amor expresado en la familia se manifiesta en el amor y el servicio que se lleva hacia la comunidad y hacia aquellos que lo necesitan. Todas las instituciones sociales y culturales deben respetar y defender los derechos y deberes de la familia.

Familia y matrimonio

La piedra angular de una sana vida familiar es el matrimonio: da seguridad y alegría,. Es decir, la alegría y la madurez espiritual para el hombre y la mujer que aceptan ese pacto de por vida con un compromiso desinteresado. En el matrimonio, ambos cónyuges se comprometen a una vida de amor mutuo, respeto, apoyo y compasión. Los conflictos conyugales que pueden surgir en el matrimonio son entendidos como oportunidades de crecimiento personal y conyugal y no como reivindican ideologías actuales, razones para romper el pacto marital. El divorcio es destructivo para la familia y la sociedad. La sociedad y las políticas públicas deben desaconsejar el divorcio, al tiempo que realizan las acciones legales correspondientes en los casos de relaciones abusivas intransigente. El firme compromiso que supone el matrimonio proporciona la seguridad de la vida familiar que los niños necesitan. Los niños también necesitan y tienen derecho al amor de los padres y la atención complementaria de ambos, padre y madre, que proporciona el matrimonio. Las comunidades y las instituciones religiosas deben atender a las familias y los hogares cuyas circunstancias les distancien de estos ideales. Las políticas sociales no deberían promover el hecho de un padreo o una madre solos.

La familia y los hijos

La familia natural proporciona el ambiente óptimo para el óptimo desarrollo de los hijos. Una vida familiar adecuada satisface la necesidad humana básica de pertenencia al tiempo que colma los anhelos del corazón humano de dar y recibir amor. La familia forma la genuina actitud de la persona humana en cuestiones tan fundamentales como la identidad, la seguridad, la responsabilidad, el amor, la moral y la religión. De una manera personal e íntima que ninguna otra entidad puede emular, la familia natural se preocupa por sus hijos y alimenta su crecimiento espiritual, físico, psicológico y moral. Las políticas públicas debe promover las características y la permanencia en el tiempo de las relaciones familiares que permiten la estabilidad y la seguridad de la familia que los niños necesitan.

Familia y sexualidad

La naturaleza complementaria del hombre y la mujer es física y psicológicamente evidente. Estas diferencias son creadas y naturales, no resultado de una construcción social. La sexualidad está ordenada a la procreación y nacimiento de los hijos y a ser expresión del amor entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio. El matrimonio entre un hombre y una mujer constituye el único contexto moral de la unión sexual natural. Ya sea a través de la pornografía, la promiscuidad, el incesto o la homosexualidad, las conductas que se desvían de esta naturaleza sexual no pueden satisfacer verdaderamente a la persona. Éstas conducen a la obsesión, el remordimiento, la alienación, y la enfermedad. Quienes abusan de niños les provocan graves daños y ninguna justificación jurídica, psicológica o moral se puede ofrecer para el odioso crimen de la pedofilia. La cultura y la sociedad deben fomentar las normas de la moral sexual que sustentan y mejoran la vida familiar.

Familia y vida

El valor intrínseco de la vida de todo ser humano, el derecho a vivir y su sacralidad existen a lo largo de toda la vida, desde la fecundación hasta la muerte natural. Cada vida humana es un regalo para la persona, la familia y la sociedad. La familias en las que se vive el amor, aman y sirven a todos sus miembros, incluyendo a los débiles, los ancianos y discapacitados. Arrancar una vida humana inocente a través del aborto y la eutanasia constituye un mal evidente. El respeto por la vida humana exige una apuesta por las opciones de protección de la vida, por la adopción y por los cuidados paliativos. La destrucción de embriones humanos, la experimentación con embriones humanos muertos o abortados también constituyen actuaciones negligentes contrarias a la vida humana. Toda la experimentación y la investigación que se produzca en seres humanos debe ser beneficiosa para el ser humano en cuestión. El tráfico de órganos y extremidades de los niños abortados o de otras personas, la clonación y la ingeniería genética humana, así como el tratamiento de la vida humana como una mercancía no deben ser permitidos. La experimentación genética humano-animal es un crimen contra la humanidad. Las políticas públicas deben respetar la dignidad inherente de la vida humana.

Familia y población

La sociedad humana depende del reemplazo de la población. El problema real en este campo es la despoblación y no la sobrepoblación. Muchos países sufren una fertilidad por debajo del reemplazo, derivada del aborto generalizado, las políticas de control de la natalidad, la falta de interés en el matrimonio y la disminución de tamaño de las familias. La gente vive más tiempo, por lo que aumenta el tamaño de las poblaciones de edad avanzada. Al tiempo, hay proporcionalmente un número menor de contribuyentes para sostener la jubilación y la atención sanitaria que requieren los mayores. Debido a que sólo los gobiernos y la empresa creadora humana y de caridad ofrecen la mejor esperanza para abordar los problemas de la pobreza, el hambre y la enfermedad, ningún país debe ser obligado a aceptar las políticas de “control de la población”. Esfuerzos para ayudar a los países en desarrollo debe centrarse en promover la autosuficiencia familiar, no la dependencia.

Familia y Educación

Los padres poseen en exclusiva la autoridad y la responsabilidad de dirigir la crianza y educación de sus hijos. Por su naturaleza, la educación no es sólo técnica y práctica, sino también moral y espiritual. La familia es la primera escuela del niño y los padres los primeros y más importantes maestros. El amor de la comunidad y la lealtad a la nación se aprenden en la familia. El Estado usurpa el papel de los padres cuando monopoliza o interviene en exceso el sistema educativo y priva a los padres de su autoridad intrínseca sobre la educación de sus hijos. Ni escuelas públicas ni centros de salud deben abordar cuestiones sobre la salud de los menores sin permiso o conocimiento de los padres.

Los planes de estudio no deben menoscabar el derecho de los padres a enseñar a sus hijos valores morales y espirituales. Los padres tienen el deber hacia sus hijos y hacia la sociedad de proporcionar a sus hijos una educación adecuada. Los padres deben tener libertad para invertir sus recursos para la educación -incluyendo el dinero de los impuestos- en escuelas de su elección, como por ejemplo, en centros religiosos o, incluso escolarizar a los niños en el propio hogar.

Familia y Economía

La política económica, tanto del sector privado como del sector público, debería ser diseñada para colaborar a una floreciente economía familiar, de tal forma que lo que es bueno para las familias es bueno para la economía.

La economía familiar debe centrarse en la búsqueda de un empleo que satisfaga la vocación personal y que sirva para cubrir las necesidades presentes y futuras, los deberes y los deseos de la familia -como alimentos, vivienda, educación, cuidado de la salud, caridad, descanso, cotizar para la jubilación, pagar los impuestos y preservar el patrimonio familiar intergeneracional.

Las buenas familias edifican buenos ciudadanos y trabajadores, consumidores competentes y empresarios innovadores. Los empleadores deben permitir una cierta flexibilidad laboral para poder tomar permisos de maternidad y paternidad, así como en casos de necesidad de atender a un familiar. La filantropía corporativa y los fondos nacionales e internacionales para el desarrollo económico deben fortalecer la familia natural. Estos recursos no deben ser utilizados para apoyar a las organizaciones cuyos programas buscan dañar a la familia. Hay que oponerse al comercio de productos que lleven a las adicciones, como drogas peligrosas, el juego y la exhibición de violencia y pornografía en los medios, que socavan a la familia.

Familia y Religión

Los padres tienen el derecho a enseñar sus creencias religiosas y morales a sus hijos y criarlos de acuerdo a sus preceptos religiosos. Basado y en consonancia con el derecho humano a la libertad religiosa, las familias tienen derecho a creer, practicar y expresar sus puntos de vista religiosos en el amor. Las instituciones religiosas no tienen por qué adaptarse a las tendencias culturales que atentan contra la naturaleza de la familia. No es necesario tener puntos de vista religiosos para reconocer que la familia es parte de la naturaleza humana y la unidad fundamental de la sociedad. Las instituciones religiosas tienen encomendado el importante papel de liderazgo cultural para afirmar que: la familia natural del ser humano se establece en la creación y es esencial para una buena sociedad; la vida y la sexualidad son regalos del Creador para disfrutar con respeto y sanamente; la familia es sagrada y tiene la única autoridad, responsabilidad y capacidad para proporcionar a sus miembros educación, salud y el bienestar; todas las instituciones sociales deben respetar y defender la institución de la familia.

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